Archivo del blog

miércoles, 24 de abril de 2013

Editorial: el silencio me llena y me vacía

Mi foto


          Buscar para no encontrar, ser para no ser nada concreto, parecer para sufrir, olvidar para obsesionarse con otra cosa, criticar para no vernos, segregar para no enfrentar, memorizarlo todo para no pensar… ¡Somos tan contradictorios los humanos! ¿Por qué?  Quizá porque seguimos sin saber utilizar correctamente nuestra principal herramienta: el cerebro.
            
          No tengo ni la más remota idea de casi nada importante, vital, universal. Sin embargo emito juicios acerca de la mayoría de esos asuntos tal y como hacemos la mayoría. Parece que hay que tener una postura, por difusa que sea, acerca de lo que de verdad preocupa a todo ser humano. Ese opinar sobre lo que no conocemos nos ha llevado a inventar la religión y la filosofía. Nos hemos creado la necesidad de explicar el mundo, y lo hacemos fundamentalmente para aplacar la angustia vital que sentimos si no lo hacemos. Sin embargo seguimos tan alejados de las respuestas como al principio. Quizá mientras busquemos respuestas estaremos así de confundidos.
            
            La Humanidad busca lo mismo pero inventa respuestas diferentes, cuestión esta que le lleva en muchas ocasiones a enfrentamientos sangrientos pues nos es difícil tolerar las respuestas que inventó el vecino. Las noticias diarias están bien surtidas de esos hechos.
            
           Sin embargo ante el silencio nada escuece, nada intimida, nada da miedo. El problema es que la ´ausencia de actividad sonora´, pasado ese tiempo que todos reconocemos como reconfortante, nos espanta porque nos parece estéril y futura fuente de locura. Pero el silencio no nos pide nada, sencillamente está ahí, en el espacio entre un sonido y otro, en ese paréntesis que tratamos casi siempre de eliminar con cualquier cosa. Y cuanto más prolongado es, más desesperado puede llegar a estar uno.
            
           ¿Qué ocurre en el silencio? ¿Nada? ¿Todo?
            
           Habría que redefinir eso de la nada, mejor aún, no opinar sobre lo que no tiene entidad porque las opiniones versan sobre aquello que la tiene. Pero es que el silencio aun estando presente aparece y desaparece dejando una estela invisible que se desvanece ni tan siquiera pensamos en ella. ¿Cómo podemos hablar entonces de lo intangible? No podemos, tan sólo estamos presentes, somos, vivimos plenamente.
            
            El silencio es ese espacio que existe entre dos pensamientos y que posiblemente es el que les daría pleno sentido; si no lo vivimos es fácil que nuestras acciones sean contradictorias ya que vamos dando ´palos de ciego´ por la vida.
            
          Nuestro inconsciente está trabajando continuamente porque ha sido creado por la mente para buscar soluciones a todo lo que nos ocurre. Improvisa, inventa, seduce, trampea, con tal de sobrevivir, que ese es su principal objetivo. Estamos marcados por la necesidad de continuar la especie, y aunque somos conscientes de nuestra mortalidad nos vemos ´empujados a procrear´ debido a esa arrolladora fuerza. Si es necesario cada día nos reinventamos, todo por no pararnos a escuchar ese lapso de tiempo que existe entre un pensamiento y otro. Estamos tan acostumbrados a oír, que escuchar nos parece una pérdida de tiempo. Pero el oír es exclusivo, mientras que el escuchar es inclusivo; y es en la integración dónde los humanos conseguimos entender plenamente el sentido de las cosas.
            
     Si pensar deja de ser tan importante, si no nos creemos eso de que somos fundamentalmente animales racionales, si la razón deja de estar en la cúspide de la escala evolutiva, es posible que el silencio ocupe el lugar que le corresponde y termine siendo una valiosa herramienta que contribuya a una plena comprensión del mundo en general y del yo en particular.
            
           Llenar de ´sonidos-pensamientos´ a nuestra mente es algo contaminante, excesivo, antinatural. El arte bien entendido combina sabiamente los silencios, las luces y sombras, los volúmenes, nos llena y nos maravillamos por ello. Pero creemos que eso sólo lo puede conseguir ese ser en estado de gracia temporal y por ello vivimos en una cárcel con barrotes hechos de ruido.
            
             El silencio estará ahí siempre, tan solo hay que darse una oportunidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario