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martes, 9 de abril de 2013

Editorial: el mundo es un lugar que está dentro de ti

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         Tengo una pena profunda, un conflicto lo suficientemente fuerte como para desestabilizar la salud. La desesperación no entiende de piedad y por ello golpea donde más duele. Una vida construida en base a proyectos y esperanzas se ha desmoronado, ¿qué me queda entonces?
            
              No puedo describir con palabras esto, es algo que me supera como persona, es algo que merma significativamente mis capacidades como ser humano, y sin embargo se puede seguir viviendo con cierta calidad, aunque no sé por cuánto tiempo. 
            
             Ayer me di cuenta de que ya he pasado por momentos muy difíciles y hoy ya no me afectan tan apenas, a no ser que monte un buen psicodrama; sin embargo eso no me ayuda cuando lo paso mal. El momento crítico por el que estoy pasando ahora me hace darme cuenta de que la experiencia lo único que me aporta es esperanza, y esta es un ´engañabobos´ que te mantiene vivo mientras creas en ella. Aún así, no puedo ocultarme el hecho de que siempre es la primera vez, así que ese recuerdo machacón con ínfulas de pasado que hoy me atormenta no es nada más que una estrategia de supervivencia. Así que mientras no encuentre una nueva forma de vivir, ese conflicto seguirá vivo porque la mente no cree saber vivir de otra forma que no se base en las ideas. 
             
Si cotidianamente funcionamos con interpretación, ocultación y tergiversación de los hechos, ¿cómo podemos decir que nuestras relaciones personales y sociales pueden ser diferentes? El mundo es una proyección de nosotros mismos. La mayoría de los sistemas ´civilizatorios´ que la humanidad ha diseñado se han basado en la universalización de las creencias, pensamientos y modos de vida de la sociedad dominante. Eso ha creado fuertes oposiciones tanto dentro como fuera de ellas mismas.
            
             Generalmente se ha venido utilizando la presión de la fuerza del conjunto adormecido y asustado sumado a las artimañas de las minorías privilegiadas que pretenden seguir siéndolo. Esas dos potentes armas se utilizan sin contemplaciones sobre aquellos que proponen otras formas de vivir. Observo que el principal problema es que esas propuestas en esencia parten del mismo modelo que las actuales, parten del hecho de proyectar un mundo unitario con tintes morales, éticos y religiosos de carácter universal que nos lleven a vivir de una forma pacífica. ¿Pero cómo podemos hacer algo diferente partiendo de los mismos modelos? Combatimos una inundación provocando lluvia fina y bien distribuida para que en vez de ahogarnos estemos permanentemente empapados hasta el próximo diluvio. ¿Es ese el único escenario que tendremos como especie durante toda nuestra existencia?            
            
            Podemos objetar con aquello de: ´si somos bípedos andaremos con los dos pies, no tenemos otra posibilidad más eficiente, así que para qué desprendernos de un modelo que ha funcionado, será mejor perfeccionarlo hasta que resulte casi perfecto´…  Con las pertinentes aproximaciones a tal razonamiento, yo estoy en desacuerdo en buena parte. Si construimos los sucesivos ´nuevos mundos´ recombinando las mismas bases, una vez más nuestro instinto de supervivencia trazará caminos que nos lleven a los mismos desequilibrios antes o después. Yo hablo de un auténtico cambio radical, serio, pacífico, responsable, que implique a todas las estructuras mentales al mismo tiempo y que no sea objeto de interpretaciones personales que nos terminen llevando por los mismos derroteros. Sería un terrible error imponerlo por decreto, realizarlo porque lo hacen los demás, exponerlo como un ideal, como una creencia, oficializarlo en los planes de estudio, sistematizarlo para que todos lo puedan practicar.

             Esta forma de ver y de vivir en el mundo debe emanar de la propia observación de la naturaleza de las cosas, sin explicación oficial o extraoficial alguna, ya que el ser humano está perfectamente capacitado para observar sin emitir juicios. Tan sólo hay que enseñarnos a ser libres de verdad y no esperar ni exigir que todos lo hagan a un tiempo; como ya sabemos, los cambios sociales son resultado de los individuales, aunque en el caso del que hablo incurriríamos en un lamentable error si estos fueran exigidos y parametrizados.

         Las tradiciones van más allá de los hechos, los deforman interesadamente y son utilizadas para someter a las mayorías. El universo entero cambia continuamente  y nosotros con él… ¿Para qué esa búsqueda enfermiza de continuidad y permanencia? Observo que nos estamos perdiendo permanentemente el presente, y que en él está palpitando la vida. Una forma radicalmente distinta de observar necesita de un no trabajo mental. ¿Es posible eso o seguirán siendo estas palabras parte de una continuidad modificada?

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