miércoles, 6 de marzo de 2013

Editorial: Silencio, se manifiesta la vida

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      Quiero saber, y no logro ni asomarme siquiera al conocer. Me siento azorado, sin argumentos, triste, desesperado, no me hayo. Creo que el buscar se está convirtiendo en una tortura que me autoinfrinjo. ¿Buscar para encontrar? ¿Seguro? ¿No es el encontrar una parada en el eterno y contradictorio camino de la búsqueda?  ¿No son las respuestas como mojones en un camino que no se hacia donde se dirige?  ¿Qué pretendo encontrar?  Si lo supiera ya lo habría encontrado. ¿Qué sentido tiene todo esto?

            ¡No, hoy no voy a buscar más!

            ¡Cuántas veces me he sorprendido pensando así, y cuantas veces me he olvidado para reiniciar una vez más la búsqueda!

            Cuando observas directamente a la vida, esta es completamente silenciosa, discurre delante de ti, tan solo eso. No hay calificativos para eso, a no ser que quieras adornar lingüísticamente ese momento. Sucede y ya está. Y además finaliza de forma súbita, no sé si por una falta absoluta de atención por mi parte o porque no hay capacidad para tanta verdad en un humano.

            Recuerdo que en bastantes ocasiones he observado la naturaleza con una mezcla de interés, misticismo, emoción e impaciencia, intentando que ´eso´ que parece ocultarse tras el silencio se manifieste y revele su esencia. Pero esto jamás ocurre, bueno, sí que ocurre, pero dentro de mi mente. La naturaleza no habla, ni se expresa, ni transcurre, ni nada de nada que la mente pueda especular. Se trata tan sólo de traducir mentalmente y emocionalmente lo que el momento es y lo que significa para uno.

            Pero la naturaleza sigue existiendo, y no precisamente en silencio…
           
Así pues la vida fluye como un río. Si lo miras bien un río tiene que atravesar el terreno porque una fuerza superior a él le impele a hacerlo. Ocurre que el agua arrastra tierra, piedras, madera… y forma un ecosistema único en el cual muchas criaturas se benefician y comparten. Pero el río no sabe nada de eso, tan solo existe como un ´todo´, hasta que deja de hacerlo, cosa que no encierra misterio alguno. Hay ríos de temporada, ríos con grandes altibajos, ríos caudalosos, ríos de aguas turbulentas, o limpias, o ambas cosas según la estación. El yo determina qué tipo de río soy en cada momento y ese ecosistema es el que parece ser que soy. ¿Dejaré de ser río si disuelvo mis particularidades?  ¿Es eso posible?  ¿Y qué sentido tiene el dejar de ser?  ¿Sólo se deja de ser tras la muerte?  ¿Es entonces la muerte un hecho fortuito que nos envuelve y disuelve? 

Por más que me pregunto no obtengo una respuesta rotunda, tan solo respuestas parciales. Cada vez con mayor fuerza observo que en el silencio está la cesación de todo cuestionamiento, pues todo sonido se resume en él y todo sonido surge de él. Pensar y entender no son fenómenos posibles en el entorno de la vida y sí en el entorno del yo. Así que descrito el marco, se observa el lugar donde se desarrolla el juego de los espejos, el juego del especular, el juego del existir condicionado.

Pero existir, sencillamente existir, no tiene normas. Si camino, camino, si me lavo, me lavo…pero cuando pienso altero todo esto otorgándole un valor. ¿Qué hay de significativo en todo ello?  ¿Qué hay de significativo en vivir?  ¿Por qué la vida está tan sobrevalorada?  ¿Es que acaso dejaría de tener significado si apareciera ante nosotros como lo que es?  ¿Tan insípida nos parece que tenemos que adornarla según criterios particulares?

Algunos investigadores que observan el universo o la naturaleza dicen que la vida se autoorganiza, que no es un conjunto de leyes matemáticas que se cumplen automáticamente, sino que todo se combina y recombina constituyendo sistemas temporalmente estables, y es esa misma capacidad combinatoria la que destruye el sistema. Parece que la vida y la muerte están unidas.

            Puede parecer decepcionante, pero la vida posiblemente sea ´transparente´ y seamos nosotros los que la ´coloreamos´ según las características del yo de cada cual. Quizá el yo no sea capaz de ver lo transparente, pero quizá también nosotros no seamos sólo el yo, quizá seamos tan solo cuando no somos el yo.

Piensa lo que quieras, o no pienses nada, la vida seguirá fluyendo en silencio…
           



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