sábado, 7 de julio de 2012

Me doy cuenta (II)

Mi foto    La verdad es que otra vez me encuentro ante el teclado sin saber cómo abordar este nuevo texto. Esta semana está resultando muy intensa, un “rompe piernas emocional” en toda la regla. Vamos a ver adonde llegamos.
            
           Observo que tenemos muy arraigada la necesidad de clasificarlo todo, y con cada etiqueta adherimos una imagen. Es una fiera en su especialidad, es una eminencia, es un pobre hombre, es una maruja, es un mediocre… ¿De dónde surge la necesidad de actuar de esta forma? ¿Por qué todo debe estar clasificado de forma piramidal? ¿Por qué queremos ser más, ser mejores? ¿Por qué no sabemos vivir en paz y concordia reales?
            
           Dejemos a los expertos con sus sesudas explicaciones, no estamos aquí para hacerles eco, sino para indagar desde la no confrontación de los contrarios, desde la observación pura, sin justificaciones ni condenas.
            
           Esto nos lleva de lleno al asunto de las relaciones humanas. ¿En qué se basan? Observo que lo hacen fundamentalmente entorno al poder y al interés. El comportamiento de una enorme mayoría de nosotros es gregario, pertenecemos a un grupo e intentamos no “salirnos de la foto” para no ser rechazados, adquirimos comportamientos preestablecidos y nos comunicamos con jergas específicas; todo ello está orientado a nuestra integración en el grupo de turno. En el grupo la lucha por la hegemonía es aún mayor que la lucha por la supervivencia. El liderazgo humano está muy, pero que muy emparentado con el mundo animal. Las modernas democracias han suavizado las formas, pero en el fondo se trata de lo mismo. Nos dividimos en grupos para todo y esos grupos tienen intereses que chocan con los de los demás… El conflicto está servido.
            
            Se dice que el diálogo está para “limar asperezas”, y que gracias a él las confrontaciones adquieren dimensiones civilizadas. Es cierto que en un porcentaje significativo, esta herramienta suele evitar confrontaciones físicas con los consabidos resultados, pero lo que no palian es el problema de la violencia. Una importante cantidad de sistemas humanos rezuman violencia por cada poro. Pongamos como ejemplo el mundo industrializado: ciudades llenas de gente que tiene que compartir espacios reducidos, un elevado número de trabajos nada creativos, competencia como consentida moneda de cambio, barriadas divididas en clases sociales, soledad forzosa, anonimato doloroso, ruido… Esto desgasta muchísimo al ciudadano, que sueña con tener una mejor calidad de vida, y debido a eso cae en la contradicción de “abrazar” aún más al sistema que le oprime, u oponerse a él con todas sus fuerzas, con la esperanza de que su agonía dure menos tiempo. Por otra parte, una buena parte de nosotros se da cuenta de que lo que busca es utópico, o a lo sumo poco probable, y entonces se suma a la masa conformista que mantiene el sistema tal cual, por no saber ni querer conocer una opción mejor. Así podemos ver grupos con determinada visión de la vida que son difícilmente “maridables” con otros, como son  los tradicionalistas, reformistas, liberales, ecologistas, anti sistema, y demás grupúsculos vinculados de una forma u otra al sistema en vigor.
            
          Observo la dañina zarpa de la contradicción en cada uno de estos comportamientos, tanto en la acción de liderazgo, como en la acción de la oposición, e incluso dentro de los propios grupos. Puede verse entre países, regiones, partidos políticos, empresas, comunidades de vecinos, y por supuesto familias. La violencia que esto genera nos precipita al abismo del dolor, y todo ello es el combustible que alimenta la hoguera de las vanidades, del ego en constante conflicto consigo mismo y con los demás. Formamos parte de una especie en continuo conflicto que ha hecho de él la moneda de cambio y al cual parece no saber o no querer renunciar.
            
          Observo que el conflicto, lejos de ser “un mal necesario”, es una enfermedad que nos lleva a la corrupción y la disolución. ¿Y qué causa el conflicto? Lo causa el pensamiento, que por definición es limitado, sectario, parcial y excluyente. ¿Cuáles son algunas de las principales causas de los conflictos más añejos y violentos? La religión y el nacionalismo, derivadas ambas del pensamiento.  
            
             Les propongo realizar un pequeño ejercicio con un grave problema actual: el hambre en el mundo. Partamos de la base de que todos formamos parte de la misma familia, veamos directamente las causas y las ramificaciones que las “alimentan”.  Es posible que muchas de las cosas descritas en el artículo salgan a la superficie.
            
         ¿Podemos actuar en la vida sin la sectaria presencia del pensamiento? ¿Es el pensamiento una herramienta insustituible? ¿Es el pensar una cosa y el pensamiento otra? ¿Podríamos indagar profundamente sobre la influencia del condicionamiento y su relación con el pensamiento?
            
              Hasta aquí quiero llevar este parcial retrato del conflicto humano; que cada cual siga indagando con el fin de aportar al conjunto el resultado de sus pesquisas.
  

2 comentarios:

  1. Os ofrezco una serie de preguntas y respuestas sobre este artículo mantenidas con una amiga: Gracias por tus reflexiones. Solo re-cuestionarte una de las preguntas que lanzas a la consideración, y por saber si tu tienes respuesta a ella: este texto salido forzosamente de tu ejercicio mental, ¿para ti es pensar o es pensamiento? Yo creo que, excepto en el reino animal, donde el 'pensar' se traduce solo en acción instintiva, en la especie humana, ¿el pensar no conduce necesariamente a la creación del pensamiento?
    Te agradezco el estímulo, intentaré explicarlo. El pensamiento ya es un hecho cerrado, preestablecido por el estímulo, la experiencia, el conocimiento y la memoria. Recurrimos a él tanto para conocer nuestro entorno, como para hacer nuestras "valoraciones" de las cosas y hechos de la vida diaria. Requiere de la consideración de la existencia de un pensador (ego condicionado por su paso por la vida...) que está formado por pensamientos que se agrupan entorno a él (este fenómeno habría que explicarlo), en esta suerte de desdoblamiento mental (pensamiento-pensador). Constituye algo que no es posible cambiar, tan sólo combinar, matizar, rechazar o eliminar, así pues es un mecanismo determinista. Así se nos ha educado a la mayoría de los seres humanos y por lo tanto parece que esta es la única manera de hacer funcionar la mente. Sin embargo el pensar, es un hecho dinámico que da pie a una acción global inclusiva y recta. Surge de la atenta observación y del silencio de la mente; es espontaneo, no forzado, y no se almacena en la memoria pues vive y muere de instante en instante. El pensamiento sirve para acumular conocimientos relativos a nuestra supervivencia y al conocimiento y desenvolvimiento en nuestro entorno. El pensar está recomendado para nuestro discurrir por la vida, y es esencial para una revolución global que afecte a la especie humana, comenzando por uno mismo, y la conduzca hacia un nuevo paradigma vivencial. He intentado resumirlo quizá demasiado ya que todo esto requiere de consideraciones mucho más profundas ya que presenta múltiples implicaciones.
    Ante la pregunta: ´este texto salido forzosamente de tu ejercicio mental, ¿para ti es pensar o es pensamiento?´. Te diré que antes de contestar intentaré observarlo con suma atención. Es una interesante pregunta porque podría desintegrar el edificio construido con la explicación dada, ya que la convertiría en pura teoría sin una comprobación fiable.
    La pregunta que me sugieres me hace plantearme otras a su vez: ¿Que ocurre a nivel mental cuando hacemos una reflexión sobre el mismo elemento que sirve para reflexionar? ¿Se puede observar a sí mismo mientras opera? ¿Cómo lo hace entonces? ¿Tiene esto que ver con el pensamiento y el pensador?

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  2. Después de lo dicho,esta amiga me hizo una serie de interesantes consideraciones y preguntas:
    Yo entiendo que el pensamiento es la creación o el producto que la actividad intelectual (pensar) genera, bien de manera racional (análisis y búsqueda de soluciones), bien de manera imaginativa o abstracta (creación artística, o pensamiento idealista, por ej.). Por supuesto que ese producto intelectual (pensamiento) tendrá una estructura o armazón final condicionado por la experiencia y el vagaje cultural y/o emocional del individuo (lo que en tèrminos generales llamamos la 'mentalidad' con que observamos lo que nos rodea). Dejar la mente en silencio y solo observar, sin generar pensamiento condicionado, no dudo que sea posible, por supuesto que lo es y la mente humana tiene los recursos para ello, pero viviendo en unas determinadas condiciones físicas y anímicas que esta sociedad no facilita. Requiere de un entrenamiento, de una moderación, incluso de un 'ascetismo' mental y físico para el que, como tu bien dices, no se nos ha educado. Por eso te puse el ejemplo de los animales (y ahora se me ocurre ponerte también el ejemplo budista, sin comparaciones, claro jejeje), porque creo que piensan (tienen cerebro) de manera instintiva si quieres, pero no crean pensamiento condicionado. Pero yo me atrevería a asegurar que, mientras no se den esas condiciones, no hay nadie en esta sociedad que sea capaz de realizar este ejercicio en su plenitud y sin límites... otra cosa es la teoría, que todos los que usamos un poquito nuestro intelecto, la conocemos, valoramos y entendemos que sería el único (o el mejor) modo de evolucionar hacia un futuro de una manera más positiva, humanamente hablando.
    Cuando hacemos una reflexión sobre el mismo elemento que invitó a reflexionar, estamos teniendo una respuesta lógica a un estímulo. ¿Qué estimuló tu escrito? Supongo que, a su vez, la observación de algo que te hizo reflexionar sobre el tema. Siempre tiene que ver con el pensamiento y el pensador... digamos que un pensador lanza una serie de cuestiones o pensamientos (tu caso) y otro pensador (yo) recojo el estímulo o desafío con el que a su vez se articula otro pensamiento (mi pregunta).
    De cualquier modo Jorge, si no entiendo mal tu pregunta: ¿se puede observar a sí mismo mientras opera?, deduzco que quieres decir que cuestionarse algo sobre la base de otra cuestión realizada por otra persona, conlleva necesariamente que es un pensamiento condicionado, o una falta de pensamiento o criterio único. Yo, lejos de esta línea (siempre sobre la base de haberte entendido), sí creo que tiene que ver con el pensamiento y el pensador, siempre... Mi respuesta en forma de pregunta, también parece haber generado otra por tu parte, ¿quiere esto decir que no te has observado a ti mismo mientras operas al responderme? ¿No estamos rizando el rizo, quizá? Quiero decir que responder sobre la base de una pregunta, no quiere decir necesariamente condicionamiento previo, sino estímulo para reflexionar y añadir valores o variables de una misma realidad, sobre la base de una perspectiva común. Sigo pensando, que quizá al estar por medio esas 'consideraciones más profundas', yo no alcance a entender lo que quieres transmitir. De cualquiera de los modos, me encanta 'pensar mi pensamiento' sobre todo aquello que lo estimule, y es por ello que me gustan y agradezco tus meditaciones en forma de interesantes escritos.

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