lunes, 9 de julio de 2012

Me doy cuenta (III)

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           El patrón del comportamiento humano y del mío propio me ha fascinado durante mucho tiempo. Pero me he dado cuenta de que tratar de entenderme me consolida como ente con una identidad propia, lo cual me aleja de un estado libre y creativo y me sumerge en el sueño de la razón.
            
            Observo que nada de lo que soy se debe a un fenómeno creativo, sino a un estado predeterminado por los pensamientos agrupados en forma de deseo. Lo creativo no está relacionado con esto, pues esto es una estructura pensada, planificada, y ejecutada con un plan. Esto sirve para construir un edificio, pero para vivir el día a día se termina convirtiendo en una rutina insufrible. Un remedio magnífico ante la desidia es el introducir cambios en la rutina… Eso es como mezclar, en un plato que no me gusta, ingredientes que me encantan. Al final nada es lo que parece.
            
             Creo que no me levanté con el pié izquierdo (¿o sí?). Me doy cuenta de que la vida no la solemos mirar de frente ante el miedo que nos produce darnos cuenta de lo insípida e insustancial que es. Tratamos de convivir con conceptos maravillosos que se convierten en papel mojado en aras de una practicidad y funcionalidad frías. Hablamos del amor, la amistad, el valor, el miedo, pero no somos capaces nada más que de ver el resultado de su influencia; no suele ser común escuchar a alguien que hable de ello creativamente, sin estar absorbido por una forma de pensamiento u otra.
            
            Observo que estar atento ante el momento presente puede abrirnos las puertas de la vida, puertas que nos conducen al estado creativo por excelencia. El conflicto nace en el seno de la misma identidad personal y se extiende a las demás identidades que también están en conflicto, en una espiral de dolor aparentemente imparable. Lo hemos intentado todo y no hay solución que contente a todas las identidades al mismo tiempo. El ego es exclusivista y trata de aglutinar entre sus filas a otros egos que buscan lo mismo, pero cuando se juntan surgen también las diferencias. ¿De semejante inestabilidad puede surgir el orden? Evidentemente no. Por muchas reformas que se implanten sólo conseguimos ganar algo más de tiempo.
       
           En cualquier terreno de la discusión humana solemos ver enfrentamiento de posturas preestablecidas, pero raramente se ve indagación seria, disposición para la observación profunda. Salimos a la calle cada día con una mochila cargada de ideas preconcebidas que nos enfrentan con el contenido de las mochilas de otras personas. Observo que desde las ideas lo único que logramos es imponernos los unos a los otros, y quizá mejorar en algunos aspectos, a costa de descuidar otros de vital importancia. Plantéese uno de los conflictos internacionales, y después uno personal, de esos que duran ya años, y verá el mecanismo que los mantiene vivos.
            
        ¿Podemos vivir en armonía, paz y concordia los seres humanos? Sin autoconocimiento serio y responsable eso es imposible. 

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