lunes, 2 de julio de 2012

Me doy cuenta (I)


Mi foto    No quisiera perder el tiempo en teorías y suposiciones acerca de lo que podría ser el escuchar, así que sería mejor que comenzáramos con lo que no es escuchar. Lo que podemos observar es aquello a lo que tenemos acceso a través de la relación con las cosas de la vida, levantar teorías acerca de lo que no se ha observado, acumulando saber teórico, no nos acercará a la respuesta más de lo que estamos ahora. Eso explica el hecho de que tener una clara idea de lo que nos dificulta la comprensión, no suele desatascar el problema.
            
            ¿Qué es entonces escuchar? ¿Qué significa? ¿Qué supone?

Me doy cuenta de que tan sólo creemos que escuchamos, pero no lo hacemos, esperamos el momento de hablar, mientras dentro, agazapado, se encuentra el siguiente razonamiento. En ocasiones, cuando aparentemente escuchamos, lo que hacemos es reaccionar ante el estímulo intelectual que supone estar frente a otro intelecto. En la mayoría de las ocasiones nuestras conversaciones son una extensión de nuestro ego, que se comporta como el único habitante de su propio planeta; digamos que por curiosidad se acerca a los demás planetas, pero ya se sabe que las esferas sólo se tocan en una ínfima parte, así que aunque dispongamos las esferas en la posición más conveniente para dicho contacto, no tardaremos en apartarlas ante lo que consideremos como una agresión. Después nos acercaremos sigilosamente con la parte del planeta que más se asemeje a la de nuestro contertulio. Creemos que eso es relacionarse y así lo venimos haciendo desde tiempo inmemorial.
             
            He observado que cuando inusualmente escucho alguna vez con atención, es que estoy presente, y si estoy presente no pienso, por lo tanto el escuchar está unido con el hecho de relacionarse por completo con el otr@. Escuchar es amar a la otra persona, y desde ese amor es posible que el pensamiento no responda automáticamente a la memoria, que es de donde extraemos los argumentos, sino que se llene de vida, sea una expresión de la vida, y transmita vida.   

5 comentarios:

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  2. Disculpa Ana, no se que pasó pero no sale tu comentario, así que lo voy a poner yo.

    Ana dijo:

    Saludos, estimado amigo.

    Por lo pronto, nos encontramos con lo dificultoso que resulta lograr ser escuchado. Soy consciente de que las experiencias de cada ser humanos varían mucho entre cada individuo. En mi caso, recuerdo las primeras etapas de mi vida a ese respecto: siempre había que permanecer callado; nuestras opiniones no solamente no eran importantes, sino que además no estaban permitidas. Cuando expresábamos nuestros criterios, se nos reprendía por ello. No obstante hubo tremendas incongruencias en aquel modo “educativo” ya que se nos exigía hablar en ciertas ocasiones: “... pero no se te ocurra decir esto o aquello”. Bien. Entonces, ¿qué me está permitido decir, pues tampoco puedo mentir?

    Todo ello –y el resto que aquí no viene a cuento– marcó significativamente mi vida. Empecé a escribir apenas supe sostener un lápiz. Esa era la única forma de expresión que conocí. Pero esto, tampoco viene a cuento.

    Era una experta en escuchar... o eso creía.

    Quisiera hacerte una serie de preguntas, con tu permiso. Has expuesto que si escuchas con atención es que estás presente, y que si estás presente no piensas. Eso, disculpa, no lo he comprendido. Para comprender lo que alguien está hablando es preciso –creo– pensar, poner en marcha la nuestro “procesador de palabras, conceptos, contextos, etc...” Es posible que te refieras a otro tipo de conversación en la que no interviene un diálogo.

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  3. Hola Ana.

    Te agradezco el comentario porque me lleva a revisar el artículo para quizá completarlo con la reflexión que surja de tu contribución. Me permite que indaguemos juntos cuestiones que de seguro lo van a enriquecer.

    En principio estoy hablando de lo que hoy los "modernos" titulan como "un cambio de paradigma". Estamos educados para interactuar constantemente con nuestro contertulio y eso a mi modo de ver nos hace relacionarnos de forma demasiado periférica; es como si dos sacos llenos de pensamientos se encontraran en un campo de juegos (conversación), e intercambiaran estampitas (ideas). Por ello sostengo que durante la conversación uno, más que escuchar, oye, y a través del sonido reacciona ante los pensamientos del otro, generando una respuesta en forma de pensamiento. Esto se genera a tal velocidad que produce una gran cantidad de ruido, donde se vuelve tarea casi imposible ser verdaderamente receptivo.

    Observo que esa forma de relacionarse es notoriamente insuficiente y fuente de encuentros por interés y desencuentros por la misma causa; más que una relación es un intercambio parcial (hablo del terreno humano, no del científico-tecnológico, bien llevado eso sí). La concepción del mundo es, en la inmensa mayoría de nosotros, una creación de la mente, y por ello la materia que utilizamos es el pensamiento. Pues bien, en esa parte del texto estoy hablando de que observo que si uno quiere relacionarse de una forma global deberá hacerlo de tal forma que no sea por la estrecha ventanita que le deja el pensamiento (compuesto por ideas preestablecidas).

    Observo que a través del silencio global, no producido por técnica ni sistema alguno, sino de forma espontánea, un silencio en el que la mente no es manejada por el pensamiento, se puede escuchar de forma global, o sea, con todo nuestro ser, o con toda nuestra atención; aquí hago hincapié en que la atención ya no se centra en tratar de entender y rebatir los pensamientos, sino en captar la esencia del otr@. Pienso que en alguna ocasión tod@s hemos experimentado esto, y son esos momentos donde nuestro contertulio se ha sentido verdaderamente comprendido ya que no ha notado resistencia alguna en el interlocutor, y por ello ha podido expresarse libremente. La conversación fluyó de forma natural y no derivó hacia la justificación, la condena, o la aprobación (elementos presentes siempre en una conversación construida en base al intercambio de pensamientos).

    Quiero que quede claro que observo que la función llamada pensar es imprescindible, yo hablo del pensamiento, que es el producto del pensar y que requiere de un pensador. Entiendo por pensamiento la acumulación de recuerdos que conforman el ego, yo, o personalidad a través del pensador.

    Todo esto me lleva a realizar las siguientes preguntas: ¿Puede el pensar funcionar de forma diferente, y esa forma estar relacionada con el silencio no forzado? ¿Se podría vivir sin la constante presencia del dúo formado por pensamiento y pensador? ¿Es el ego un obstáculo para el entendimiento?

    Nuevamente te agradezco el estímulo. Un cordial saludo.


    Jorge Marques

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  4. Estimado amigo Jorge. Te agradezco que hayas podido rescatar mi comentario anterior... Me temo que cliqué donde no debía y se borró.



    Quisiera decirte que con la segunda explicación he comprendido mejor tu primera reflexión.

    Pensar es un acto intrínseco del ser humano, obvio, por lo que “divorciarse” de esa característica de nuestra especie se entiende poco menos que imposible. En mi opinión no damos el uso más honorable al acto de pensar –siempre desde la premisa de que honorable sea un término que pudiera coexistir con una práctica tan privativa–, aunque eso es algo que ya has comentado de un modo magnífico y muy perspicaz. Has hablado de amor. ¡Qué diferentes son nuestras reacciones cuando no nos anteponemos a la otra persona! Aceptamos sinceramente y en silencio aquellas ideas con las que discreparíamos o con las que tenemos la necesidad de "ampliar". Pero no hemos aprendido a amar; amar como algo que va más allá de una relación sentimental.

    Me has dado mucho que pensar... :) incluso en un hilo en el que pones de manifiesto que pensamos demasiado. He necesitado hacerlo para comprenderlo. Lo veo sin mácula alguna. Y te lo agradezco porque tu reflexión ha significado una evolución en mi comportamiento cognitivo.

    Respecto a tus preguntas finales, estoy segura de que es factible. Somos lo que pensamos –es un hecho constatado– por lo cual podemos reconfigurar nuestras reacciones con respecto a lo que nos llega del mundo y las demás personas. Me ha bastado analizar tus reflexiones para comprender uno de los principales problemas a los que debo enfrentarme cada día, con el trato de otros seres humanos. El ego es el principal obstáculo para el entendimiento.

    En mi opinión, la tarea más ardua a la que podríamos enfrentarnos es erradicar el ego de nuestras reacciones con respecto a los demás.

    Un cordial saludo.

    Ana.

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    1. Indagar juntos es lo que tiene, que descubrimos rápidamente que estamos unidos, relacionados, que somos la misma cosa... Ayer un buen amigo nos ha dejado, te invito a que leas la reflexión que hoy he publicado para que juntos podamos indagar. Un abrazo de corazón.

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