martes, 15 de mayo de 2012

Los conceptos y el aprendizaje

Iba yo caminando y vi un árbol; frondoso, alto, imponente. Me detuve a observarlo y pude contemplar la cantidad de vida que albergaba, ¡era en sí mismo un ecosistema! Después de un tiempo observando me di cuenta de que yo también formaba parte de ese ecosistema; era un darse cuenta sin la intervención de la conciencia como pude constatar más tarde. No hizo falta darme de alta en ningún organismo público o privado, ni pedir permiso a nadie, ni darle dinero a nadie, era uno más en ese entorno y no hacía falta saberlo, era así.

En el momento que la mente intervino para tratar de guardar ese sentimiento comenzaron a fluir los pensamientos, inmediatamente desapareció esa comunión y apareció el esfuerzo del pensar… Allí estaba el árbol, allí los pájaros, allí la tierra, allí los caminos que lo delimitaban, más allá algunas personas disfrutaban del parque… La mente con su movimiento frenético ponía “orden” en todo aquél “caos” no identificado. Parece que el ´miedo a dejar de ser ´ la pone en marcha de forma automática. Debido al condicionamiento ancestral, la mente cree que el pensar es el movimiento de la vida y que el pensamiento es su combustible.

Observo que en contadas ocasiones el pensamiento se centra seriamente en algo, el resto del tiempo vaga tan solo para marcar las fronteras del yo y así mantenerlo en un estado latente. La existencia es algo así como un tronco hueco, tiene apariencia pero no sustancia. Nuestra vida en cierta medida se podría comparar a lo que hay entre un electrón y el núcleo del átomo al que está ligado: vacío.

Una vez que hemos adquirido ciertos conocimientos y desarrollado algunas habilidades nos centramos en explotarlas y vivir de las rentas. El aprender y la curiosidad de conocer por uno mismo se centra en un periodo limitado de la vida. El condicionamiento feroz lo reduce a la mínima expresión en tan solo unos pocos años. Es como una carrera de velocidad, cuanto antes hay que saber lo básico para poder sobrevivir, el resto no es determinante. La búsqueda de seguridad, torna la vida en una repetición con pocas variaciones, un ritual de muerte en un mundo vivo que está ahí para que lo gocemos instante a instante.


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