sábado, 5 de mayo de 2012

INICIATIVA POR UN CAMBIO RADICAL DE CONCIENCIA ¡YA!

¿La sabiduría es un estado del ser del que uno es completamente inconsciente? Observo que la consciencia es incorporar a la conciencia un elemento previamente reconocido por esta en forma de recuerdo-experiencia. La consciencia pertenece al terreno de lo personal y por lo tanto de lo limitado, cualquier conocimiento personal está basado en una interpretación (a través de nuestro particular condicionamiento) de la verdad de turno. O sea, que preferimos recrear, a ver, preferimos soñar, a vivir, preferimos la mortífera inactividad, a vivir lo que nos ofrece el momento, aquello que sí está relacionado con el ser y el existir.

Pienso que no deberíamos confundir la suma del conocimiento con la adquisición de la sabiduría, porque no se puede adquirir lo que no tiene límite. La suma del conocimiento no trae nada más que un mayor número de él mismo. Entre el nº 0 y el nº 1 hay infinitos números, así que por adición nunca se llega del 0 al 1, por ello, el conocimiento ha tenido que inventar un ardid. Es observable, por lo tanto, que la sabiduría está fuera de nosotros, no cabe en la conciencia, no es de la mente. Así pues a lo máximo que puede uno “aspirar” es a llegar a este punto, a partir de ahí nada depende de uno.

La suma de conocimientos puede hacernos pensar que estamos subidos a una escalera que tiene como piso final la sabiduría, pero al tratarse esta de una  interpretación, nuestra, o generalmente de otro (la tradición), seguimos en el terreno de lo especulativo y jamás se cumple dicho vaticinio, pues nosotros (el “yo”) morimos ignorantes en lo concerniente a la sabiduría y por ello necesitamos creer y comportarnos mediante un patrón concreto que nos hace pensar que estamos en el camino correcto… Lo que pasa es que millones de personas piensan igual con respecto a sus concepciones; ¿quién estará en lo cierto? El conflicto colectivo está servido.

Observo que solemos vivir en un estado de permanente confusión que pretendemos enmascarar con creencias e ideales, pero en realidad poco sabemos de nada relacionado con el ser y el existir (aparte de la enorme especulación al respecto tratada por las tradiciones orales, la mitología, la filosofía, la religión…). Cuando incorporamos la consciencia a la ecuación, pasamos al “modo conocer”, y así dejamos de relacionarnos con lo vivo para hacerlo con lo muerto, o sea, con el recuerdo de lo que opino que fue. Observo que vivir de impresiones, opiniones, elucubraciones, pálpitos, no es en modo alguno vivir, sino simular que se vive.

Como las palabras nada tienen que ver con lo descrito, pues son procesadas con un elemento que jamás estará en contacto con la verdad (el “yo”), no nos queda más remedio que realizar en nosotros el gran cambio. El autoconocimiento descondicionado, serio y responsable es vital. 

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