viernes, 27 de abril de 2012

Editorial: la vida y sus ciclos

El mar me dice que todo lo que llega a un punto antes tuvo que partir de algún lugar. La corriente me enseña que las cosas van y vienen por su camino y lo que se sale de él va a la deriva por un tiempo hasta que es captado por otra corriente; y cuando lo descubrimos, un instante antes de darle nombre, clasificarlo, tratar de explicarlo y desposeerlo de su verdad, nos sentimos profundamente conmovidos. ¿Está relacionada esta conmoción silenciosa con la verdad del hecho?
            
              La vida y sus ciclos, esta es la cuestión. ¿Son los ciclos algo que percibe la mente después de haberlo clasificado como una experiencia recurrente? ¿Es la vida un inmenso ciclo compuesto por ciclos más pequeños? ¿O es esta la visión de una conciencia que desde su eje organiza y reorganiza los elementos que entraron en su esfera ´yoica´?
            
            Observo que querer encontrar un significado a la vida es buscar una conclusión, y en un ente que es evidente que cambia de instante en instante eso es un absurdo. ¿La mente es libre cuando deja de buscar un objetivo, cuando se relaja y está receptiva, sin motivo, sin causa, sin elección? El motivo, la causa, y la elección surgen del deseo y es este el que rige nuestra contradictoria y conflictiva vida. Observo que creer que se puede parar el fluir de la vida para explicarla es un disparate porque la vida es un ente global. Si la vivencia es directa, sin interpretaciones, entonces estamos en contacto directo con la verdad del hecho y ese es el principio y el final del aprendizaje de ese instante. 

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