jueves, 19 de abril de 2012

Editorial: Indagaciones sobre la angustia vital

Yo, mi, me, conmigo… No parece tener fin nuestro afán de protagonismo, codicia, deseo… Sin conocer estos ancestrales mecanismos es previsible que no podremos salir de ahí. Alguien le preguntó a Confucio cuál era la mejor forma de conocer a Dios, y él le replicó: ´¿Cómo conocer a Dios cuando aún uno no se conoce a sí mismo?´ Algunos le acusaron de impiedad por esta y otras afirmaciones semejantes.
            
            Podemos documentarnos sobre casi todo en los innumerables libros existentes, podemos pensar que el ser humano ha llegado a conseguir un considerable conocimiento sobre su entorno natural, e incluso pensamos lo mismo acerca del “universo humano”. Pero más allá de toda esta presunción quizá se nos pase por alto que la capacidad de indagar profundamente, de acercarse por uno mismo a la naturaleza de las cosas, es algo fundamental.  Si la pereza se instala en la mente esta deja de indagar; dejarse llevar sin plantearse profundamente las cosas es en sí la recompensa.

¿Sabemos algo más allá de la etiqueta, de la palabra que define la cosa? ¿Sabemos algo sobre la brizna de hierba que estamos pisando? ¿Sabemos algo sobre el pajarillo que se posa en nuestra ventana? ¿Sabemos que hay tras una sonrisa, una forma de caminar, una mirada?

El yo, mi, me, conmigo, define al ´yo´, ese instrumento creado por la mente y que gobierna nuestra vida de principio a fin. Pero poco sabemos sobre la materia de la que está compuesto, más bien lo consideramos como la sólida base de nuestra identidad, ´nuestro hecho diferencial´. ¿Sin este ´yo´ seríamos todos iguales? ¿La mente es mente porque piensa, o, podría seguir existiendo sin el pensar? ¿Es necesario el pensamiento para conocer, o, es una traba? ¿El premeditado, no pensar, de algunas ideologías tiene que ver con el no pensar, sin causa, ni motivo, ni esfuerzo?

Observo que una de las formas más eficaces de anular el movimiento de la libre indagación es con un sistema de creencias. La indagación es inclusiva mientras que la creencia es exclusiva, así que ambos estados son incompatibles. Se suele pensar que necesitamos las creencias porque tenemos necesidad de sentirnos seguros. ¿De dónde nace esa inseguridad? ¿La creencia elimina el conflicto, o lo pospone mientras ejerce su poder? ¿Se puede vivir sin creencia alguna? Llegar al fondo de estas y otras cuestiones relacionadas es de vital importancia para el indagador serio.


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