lunes, 16 de abril de 2012

Editorial: ¿APRENDER O MORIR, O, APRENDER Y MORIR?

¿Aprender o morir?, o, ¿aprender y morir? Con semejantes preguntas comienzo esta indagación que quiero compartir contigo. Hace poco, esta mañana, estaba cuidando del bonsái con el que comparto habitación y me di cuenta de una cosa fascinante. Dos días antes constaté que algunas de sus ramas, buscando la luz, habían crecido totalmente horizontales y parece ser que eso no es bueno para el arbolito a medio plazo. La buena amiga que nos hermanó me explicó que si lo giraba cada cierto tiempo, las ramas, al buscar la fuente de la luz, irían dirigiéndose hacia arriba. Observé que una de ellas había crecido horizontalmente de forma desmesurada, así que hacía falta actuar rápido. Conseguí orientar verticalmente el verde y largo tallo que más tarde se convertirá en semirrígida rama de  madera, y dos días después moví nuevamente la maceta para ver el resultado. ¡No sólo había cambiado de dirección el tallo, además la rama había modificado ligeramente su trayectoria!
                
               ¡Qué tonto y básico puede parecer todo esto! Pero a mí me ha enseñado una gran lección. Es cierto que no le di otra opción, pero más allá de esto, y teniendo en cuenta que no hay ejemplo perfecto que se ajuste a una situación, la tierna ramita ha “sentido” que ya no podía crecer en una dirección y lo ha hecho en otra, e inmediatamente ha comenzado a vivir de una forma nueva, muriendo por ello a la forma de vida anterior.
                
                En lo tocante a nuestra vida “psicomental”, me he dado cuenta de que necesitamos de un aprendizaje constante para vivir cada instante de nuestra vida, y que para vivir requerimos del olvido (morir) de lo aprendido previamente (experiencia), ya que esta predispone a la persona a actuar de forma preestablecida, perjudicándola más que ayudándola. Un ejemplo son las manías y las fobias. Es más importante ante una situación ver adónde nos lleva la mente (para descubrir lo que realmente nos está pasando), que recurrir a la memoria para afrontar la situación de una forma predeterminada. Lo que llamamos experiencia es un conjunto de recuerdos, conclusiones, y juicios, determinados por nuestro particular condicionamiento, no se me ocurre nada menos imparcial y educativo. Desgraciadamente, cuánto más creemos saber, menos disposición tenemos a aprender.

  Por lo tanto el concepto clásico de aprender (acumular experiencias, conocimientos) se ve radicalmente modificado pues ya no necesitamos saber, porque esto significa dejar de aprender inmediatamente. Si observamos con máxima atención la situación de turno, es posible que nos demos cuenta de lo que ocurre y actuemos de forma global e inclusiva, y no parcial y exclusiva. Está última forma de actuar es promovida por el ´yo´ y este ha sido creado por la mente. Este ´yo´ es la fuente de la discordia, es la razón de la separación del ser humano en ideologías, religiones, países… Todos nosotros somos humanidad, formamos parte de la misma familia, lo que le hace daño a uno afecta a todos. Por ello hay que comenzar con uno mismo, porque una persona en conflicto sólo puede sembrar conflicto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario