domingo, 4 de marzo de 2012

Percepciones (VIII)

Somos lo que somos y ese hecho no lo cambia nadie. Sin embargo al aspirar a convertirnos en algo y alguien diferente dejamos de lado lo que somos e iniciamos la senda del cambio. ¡Craso error! Al obviar lo que somos dándole mayor importancia a lo que deberíamos ser entramos de lleno en el terreno de lo ideológico. Lo ideológico tiene sus bases asentadas en el pasado, o sea en la experiencia. Decir que tal o cual sabio dijo esto o aquello nos hace aspirar el perfume de la sabiduría considerada como la joya de una corona; codiciar también es eso. El conflicto está servido.

Nos han enseñado que la suma de conocimientos nos llevará al pináculo del ser, a la esencia, al espíritu, a la sabiduría. Las descripciones del mundo espiritual que el esoterismo decimonónico rescató de los viejos textos de las más grandes civilizaciones, hablan de mundos totalmente estratificados (del menor nivel de conocimientos, al mayor), de esta forma se prepara a los candidat@s a sabio, atesorando conocimientos y poniendo su visión más allá de sí mismos, mirando directamente a un modelo preestablecido y a un camino perfectamente delimitado, obedeciendo las normas de la fraternidad donde trabajan, y sirviendo con devoción a su maestr@ (¡por cierto, que pocas maestras se encuentran en la historia!…).

Por espacio de miles de años, hombres y mujeres buscadores de la verdad han iniciado esta senda, y lo único que sabemos es que esas mismas generaciones han sido devoradas por el implacable monstruo del tiempo. “Sabemos” que unos poquísimos “elegidos” llegaron al final de ese camino porque alguien dijo que era así, y entorno a esa idea hemos levantado las religiones, las filosofías, las civilizaciones. Nos afanamos en emular a esos “elegidos”, tratamos de no dejarnos ninguno de los pasos que se supone deben darse para llegar al final del camino, y creyendo que llegaremos a la paz, el conflicto interno no hace nada más que aumentar; a mayor fidelidad con el modelo más grande es dicho conflicto…  Nos dicen que ese conflicto es bueno, que ese dolor purifica, ¿pero es así o lo único que nos espera es dolor cada vez que decididamente intentamos crecer? ¿No genera esto entre los miembros de dichas comunidades la huída del dolor y la elección del estatismo (hacemos como que nos movemos cuando nos miran)?

¿Seguro que l@s sabi@s nos dieron alguna instrucción? ¿Por qué los grandes maestros no escribieron nada personalmente, o no fue así? ¿No será que nos empeñamos en caminar por los senderos de otros a los que admiramos porque ello nos da seguridad y que lo de menos es que lleguemos a la meta? Así que cuanto más lejos esté la meta mayor seguridad encontraremos en nuestro ideal.  Preferimos la seguridad de la autoproyección, del anhelo profundo de encontrarle un sentido a la vida, que darnos cuenta de la verdad sobre lo que somos y esa verdad no depende de ningún libro, sabi@, o personaje histórico. Es precisamente esa verdad de lo que somos la que nos abrirá las puertas de la naturaleza. El ponerse en contacto con lo que somos en cada instante requiere del silencio de la mente, requiere silencio natural, no forzado, no entrenado. La mente debe darse cuenta espontáneamente del proceso del pensamiento…

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