viernes, 17 de febrero de 2012

Percepciones (VII)

Aquí otra vez, delante del teclado, vacío y sin embargo lleno. No sé nada, tan solo observo que esto sale a través de mi, y por ello lo comparto. No me pertenece, nada me pertenece. El vació es lo único que tengo delante de mí, delante de esta hoja en blanco. Lo mejor que tengo que deciros está contenido en su blancura, o sea, nada. No obstante, debido a la mala costumbre adquirida con los años de contar lo que me ocurre, voy a caer una vez más en ello.
                
               ¡Cuánto daño ha hecho el verbo ser! Yo soy, quiero ser así, eso es mío, serás para mí, ser o no ser…  Observo que lo único en nosotros que quiere ser algo es el yo, que en esencia es una invención de la mente ante la tremenda soledad que siente debido al vacío que se extiende ante ella en todas las direcciones. Recuerdo que en una famosa película de Hollywood titulada en castellano “naufrago”,  el protagonista tiene que inventar un personaje imaginario (al que llama Wilson) que es el alter ego de sí mismo. No podía soportar el yo soy sin la compañía del tu eres, el refuerzo ideológico. Wilson representa el contrario, el mundo, el conflicto, la contradicción que existe en las relaciones humanas, contigo no pero sin ti tampoco, representa el pacto basado en el conformismo que realizamos ante los demás para no quedar al margen, representa la soledad en su más descarnada acepción. Prefirió vivir así antes que perder la razón, pues para él, como para un 99´9% de nosotros, es nuestro bien más preciado.
                
               ¿Si la mente se queda quieta, si deja de razonar y crear imágenes, enloquecemos? ¿Es la mente el único elemento de relación con la vida? ¿Puede ser la vida vivida por la mente? ¿Las respuestas, las razones, sirven para “conectar” con la vida? ¿Si la mente se inventa el mundo, este puede cambiar radicalmente si dejamos de verlo desde su estrecha escotilla? ¿Estamos seriamente interesados en VIVIR o nos conformamos con vivir?
                
                 No digo que la mente sea un elemento malo pues eso también es un concepto mental, sino que no nos sirve como interlocutor ante la vida trabajando como lo hace. Si se mantiene al margen, si está quieta, pasiva, y permanece silenciosa de forma no forzada por orden, técnica, ni método alguno, entonces es posible que podamos entrar en contacto con lo inconmensurable. Observar con la máxima atención sin esperar adquirir nada, sin esperar llegar a nada, sin desear absolutamente nada, es en sí la acción que nos hará entrar en contacto con la vida. Se trata de un contacto fortuito, no pactado ni posible con método alguno, por lo tanto es inusitado y no reproducible. Muchas personas pueden hablar de momentos de extraordinaria lucidez y paz que se han desvanecido cuando han sido conscientes de lo que pasaba. Cuando la mente pone la grabadora lo inconmensurable desaparece porque nosotros hemos entrado de nuevo en nuestra concha.  

Parece imposible que podamos hacer algo así, y en verdad para la mente lo es debido a su forma de trabajar, así que de lo que se trata no es de forzarla a hacer nada extraordinario, sino prestar toda la atención de la que seamos capaces para conocer sus motivaciones, su forma de actuar ante los estímulos de la vida, pues ella debe reconocerse en el espejo de la relación. Si observa que está constantemente hablando consigo misma a tal velocidad que parece que hay dos o más interlocutores a los que llamamos pensamientos es muy posible que se quede en silencio. Los pensamientos fueron adquiridos previamente por nosotros y almacenados en la memoria a través de la experiencia y lo que hace la mente es centrifugarlos a gran velocidad a la manera de un bombo de lotería, para después decidirse por el que más le interesa en cada momento.

En aprender sin acumular nada en cada instante de la vida, con cada experiencia por insignificante que parezca, está el “misterio” de VIVIR. El mundo cambia de instante en instante, así que para qué acumular. Si acumulamos conocimiento vemos el mundo de forma prefijada, como era en un pasado que ya no retornará, y por lo tanto perdemos el contacto con él. Esto es lo que nos lleva al dolor, al miedo, al conflicto.

ARTÍCULOS DE LA SERIE PERCEPCIONES:       ( I )     ( II )     ( III )     ( IV )    (V)    (VI)
                

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