miércoles, 8 de febrero de 2012

Percepciones (IV)

Vacío, eso es lo que tengo ahora mismo que ofrecer. No hay ni por asomo nada de lo que quiera hablar. Este es el momento para comunicar lo que observo.
                
                El deseo crea la vida tal cual la conocemos, el mecanismo ancestral mueve sus engranajes eficazmente y nos mantiene enajenados del mundo. Sólo dejamos penetrar aquello que pasa por el estrecho filtro de nuestra condicionada mente. Con lo demás hacemos lo que creemos conveniente para llevar la vida que deseamos. El deseo es el motor de nuestra pobre,  insípida y conflictiva vida. Hacemos lo indecible por evitar o resolver los conflictos pero parece que estos se reproducen e incluso a veces se multiplican.
                
                Creamos un personaje del que creemos tener los “derechos de autor” y lo maquillamos convenientemente. La vida se convierte así en un baile de máscaras al estilo veneciano. Escribimos y reescribimos el guión de nuestra vida una y mil veces para lograr la felicidad, la estabilidad y la seguridad, pero una inmensa mayoría no lo logramos a juzgar por el número de veces que lo hacemos. Tragamos saliva, sonreímos forzadamente, somos políticamente correctos, nos vestimos de tolerantes, de humildes y considerados. Pero una vez más el conflicto sigue ahí.

Unos optan por el racionalismo, otros por el pensamiento positivo, otros abrazan una religión, otros las critican, otros declaran que no creen en nada…, pero los problemas no dejan de surgir.

¿Los problemas los crea la mente? ¿No se supone que debidamente empleada debería resolverlos? ¿Es posible un cambio radical en el ser humano? ¿Es vital el comportamiento de la mente para que este cambio se produzca? ¿Somos nosotros mismos el instrumento para ese cambio?

No hay ninguna respuesta que no puedas hallar tú mism@ siempre que no la busques y permitas que el silencio y la pasividad de la mente dejen que surja. 

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