martes, 7 de febrero de 2012

Editorial: Percepciones (III)

Una vez más frente al frío teclado, una vez más intentando juntar palabras para hablar de algo que no pueden expresar, una vez más siento que no podré quedarme nada más que en el borde del precipicio.
                
                Cuando se vive sin tiempo la mente desaparece. En la mayoría de las ocasiones en las que creemos que esto ha ocurrido, la mente ha estado trabajando en capas más profundas. No es tan fácil dejarla en estado de quietud máxima, no está acostumbrada a trabajar así. Uno puede estar conduciendo y pensar que durante una parte del trayecto “desapareció”, y sin embargo llegó a su destino, pero el haber sido consciente de ello no convierte a este hecho en lo que pretendemos. La mente siguió actuando a otro nivel y por eso fuimos conscientes.
                
                 La máxima atención requiere de toda nuestra energía disponible para seguir los rápidos movimientos de la mente y poder observar a qué se dedica. Comprender los movimientos de la mente es comprender su forma de trabajar, es convivir con lo que es y no con lo que debería ser.  La acción total es inclusiva y por lo tanto no proviene de una valoración, sino que surge de la misma acción de observar. El ejemplo de lo que hacemos frente a una serpiente es muy ilustrativo. Si pensamos nos paralizamos, si actuamos inmediatamente evitamos el peligro. En lo concerniente a la superficie es relativamente fácil hacerlo, pero en capas más profundas estamos acostumbrados a dejarlo todo en manos de la experiencia. Lo nuevo rápidamente es etiquetado y archivado en forma de experiencia. Lo rutinario nos aburre y preferimos vagar por otros parajes. Con el paso de los años nuestro mundo se convierte en un lugar previsible y seguro.

Cuando queremos ser algo depositamos la confianza en una idea y desde ese momento no vivimos, la raíz del pensamiento es deseo, el deseo se condensa en voluntad, la voluntad es pensamiento dirigido hacia un fin, el pensamiento es memoria, y ella se convierte en experiencia que es la que juzga como convenientes o no los pensamientos que llegan a ella y que ya estaban en ella. El pensamiento es radial, parte de un centro y es él quien marca la zona a abarcar, es como un perro atado a una cadena. Vive continuamente en el pasado, la experiencia, y por ello el futuro es un pasado modificado. Nuestro mundo está prefabricado para proporcionarnos seguridad y la raíz del conflicto está precisamente ahí; haremos todo lo posible para que esa seguridad no sea vulnerada.

La mente pasiva deja de tener un centro que es el ego y sin su acción podemos VIVIR. Ella jamás lo permitirá porque está programada para la supervivencia y luchar contra esto es una pérdida de tiempo… Si nos zambullimos en la sabiduría tradicional veremos cómo se nos habla de esto como de un camino de liberación que requiere de lucha inteligente que devendrá en victoria. Una vez más el camino está trazado y bien señalizado por los que dicen haberlo recorrido hasta el final. ¿Puede conducir a la libertad lo preestablecido?

VIVIR es ser creativo y ello requiere de toda nuestra atención. Los caminos predefinidos establecen dinámicas controladas con el fin de darnos seguridad y para ello hunden sus raíces en el pasado que está muerto. El medio y el fin son lo mismo. 

2 comentarios:

  1. Hola, Jorge, hola a tod@s. Gracias por crear este espacio donde compartir, uno necesita expresarse y también me parece interesante leer lo que cuenten otras personas... Un saludo!

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    1. Hola Gabriel. Te invito a que veas las primeras entradas porque no sólo yo he publicado. Los blogs vinculados son muy interesantes. Saludos

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