viernes, 17 de febrero de 2012

Percepciones (VI)

De verte vengo, sin verte quedo, sin saberlo estoy dando palos de ciego… No sé porque vino esto a mi mente pero vino. ¡Y vuelta la burra al trigo!, que diría mi abuelo. Otra vez el tema de marras, pero aquí está, dejémosle pasar.
            
             Queremos creer, queremos amar, queremos hacer lo correcto, queremos crecer, queremos sanar, queremos ser buenos, queremos ser mejores; queremos, deseamos, necesitamos, yo, mi, me, conmigo… Mientras siga ese ruido mental es muy posible que nada verdadero consigamos, y lo más chocante es que lo sabemos. Vivimos en un interminable comienzo, nos preocupa no lograr, o perder lo que tenemos… Y es ahí donde irrumpe el conformismo, discípulo aventajado del pragmatismo, que nos sugiere que ante este dilema tenemos que valorar más lo que tenemos. La aceptación de uno mismo no conduce a la resolución de nuestros problemas, es más, nos aísla de ellos y nos conduce a un mayor conflicto. Aceptarse es reconocerse, etiquetarse mentalmente, y para la mente es mejor ser algo o nada que no saber quien se es. ¿Somos algo concreto o vamos a merced de las olas de la vida transformándonos continuamente? “Lo que es”, es lo verdadero, “lo que debería ser” es nuestra pesadilla, y el conflicto está entre ambos. Observar sin elección nos lleva a “lo que es”. La acción no planificada, inclusiva y global, nace de ahí, y el conflicto desaparece porque la mente está silenciosa, en calma, no genera imágenes, opiniones, ideas.
            
            Se nos recomienda enfrentar los conflictos de forma audaz y eso nos lleva a otro conflicto; parece que no nos podemos librar de ellos, por lo que solemos llegar a la conclusión de que debemos prepararnos para solucionarlos. ¿Pero tienen solución, o lo que ocurre es que al crearse nuevos conflictos la importancia de los antiguos disminuye? Enfrentar, luchar, huir, son acciones “positivas”, las conocemos, y son generadoras de conflicto. Observar sin intervenir, sin juzgar, sin esperar, sin forzar,  son acciones negativas que no generan conflicto y por lo tanto liberan y relacionan globalmente.


No es cuestión de esconder la cabeza dentro de un agujero, de aislarse en plan ermitaño, de darle la espalda al mundo para no sufrir; más bien se trata de vivir sin métodos, ni autoridades, ni ideales, ni presiones de ningún tipo, de vivir sin miedo, en completa libertad. Una vida garantista es un pasaporte hacia el sufrimiento (necesito saber si esta relación amorosa, laboral, de amistad, llegará a alguna parte…). Los guiones nos ahogan, nos consumen, nos obligan a ir por raíles. La libertad genera su propia acción no condicionada y por lo tanto no conflictiva. Para vivir así hace falta un cambio radical en nosotros y este necesita de toda nuestra energía.

ARTÍCULOS DE LA SERIE PERCEPCIONES:       ( I )     ( II )     ( III )     ( IV )    (V)

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